Ficha Técnica
Dirección Sofia Coppola
Producción Sofia Coppola, Ross Katz, Francis Ford Coppola
Guión Sofia Coppola
Música Kevin Shields
Fotografía Lance Acord
Montaje Towako Kuwajima, Tomomi Nishio
Reparto Bill Murray, Scarlett Johansson, Anna Faris, Giovanni Ribisi
El título juega con varios significados. “Perdidos en traslado”, nos resalta el motivo del argumento: dos viajeros usamericanos que no se conocen entre sí, coinciden en Tokio temporalmente. Uno es actor publicitario y ha viajado para rodar un clip de un whiskey japonés. La otra acompaña a su marido, un fotógrafo de grupos musicales y actores que está siguiendo una gira. Ambos se van encontrando en el hotel en que se alojan.
El otro significado, “Perdidos en la traducción” tiene varios niveles. Por un lado se refiere a la situación de dos occidentales en Japón, inmersos en un mundo cultural y lingüístico que no conocen, con dificultad para establecer relaciones personales con habitantes del lugar. La propia directora de la película ha manifestado que esta situación, que ha vivido personalmente, le llevó a explorar las necesidades de un ser humano en tales circunstancias.
En general, para viajeros de trabajo y de turismo acomodado, aunque el inglés permite moverse con relativa facilidad por cualquier país del mundo, el campo de comunicación suele quedar limitado a entornos para viajeros como hoteles, ciertos lugares de interés turístico, ciertos restaurantes, taxis, etc, y no da para entablar relaciones cotidianas con las personas que uno se encuentra. La directora toma esta circunstancia junto a otro fenómeno afín, el de que se va creando una cierta afinidad y complicidad entre huéspedes del mismo hotel o entre gente que coincide en lugares comunes para viajeros; por supuesto, saliendo del contexto del grupo de tour en que las relaciones son más cercanas.
Para un viajero solitario en tales circunstancias, el desajuste cultural y la incapacidad de comunicarse en el cotidiano, incluso para satisfacer necesidades básicas, hace que la desorientación vaya aumentando. Aunque a un nivel práctico se consiga con los días una adaptación básica al entorno, pueden surgir vivencias de desorientación a un nivel más interno, relacionadas con las costumbres, el ritmo de vida, los valores sociales, etc. Por otro lado, la incomunicación va haciendo emerger sentimientos de soledad que tienen un efecto acumulativo con el tiempo. Si bien unos días de soledad pueden tener un atractivo para casi cualquiera, descubriendo lugares insólitos, probándose en situaciones novedosas, etc. el juego de lo novedoso pronto termina, el interés turístico va colmándose y el viajero empieza a necesitar relación personal. Mucha gente tiene capacidad de buscarse compañía paliativa, de “salir a la búsqueda” de una relación aunque sea superficial
. Y en cualquier caso siempre queda el recurso de la compañía disponible en un sentido mercantil de la relación. Pero en el caso de nuestros protagonistas esto no les satisface.
Así que, como parte de ese proceso que explora la película, los personajes empiezan a entablar una relación distante, basada en la coincidencia en lugares comunes (el hall, el ascensor, la cafetería o el club nocturno, etc). Poco a poco se va creando un cierto “sentido de pertenencia”, una cierta “identidad” compartida de “vecindad en viaje”, una afinidad y una complicidad pues la observación permite reconocer en el otro las mismas dificultades que uno pasa. Así esto favorece el acercamiento y el encuentro. Sin embargo, el “contacto” en estas circunstancias está sujeto a condicionantes del status de viajero, anonimato mutuo, temporalidad, discreción y respeto, etc. Cualquier acercamiento más allá de lo “correcto” podría romper ese fino hilo de contacto humano.
La película nos muestra un proceso de acercamiento, un proceso de contacto personal. Simultáneamente, esa desubicación en que viven, esa distancia de su mundo conocido, ese sentirse en la soledad frente al mundo desconocido y ajeno, les lleva a considerar desde esa nueva perspectiva todo aquello en lo que se basa su vida, sus apoyos, sus significados, sus valores. Y en cierta forma contactan con una soledad mayor, con un cierto despropósito vital, con una falta de sentido en su vida, digamos la universal y existencial falta de sentido. Encuentran dentro de sí el autoengaño, la dependencia, y entran en crisis las falsas ilusiones y el apego a diversos elementos que constituyen “su vida ordinaria”.
En este desvelamiento existencial, los protagonistas van entablando un proceso de diálogo que les ayuda, poco a poco, día tras día, a desentrañar las protecciones que llevan implícitos los estilos de vida que asumen como necesarios y convenientes. Y esto se da a la par que entre ellos van presentándose mutuamente, conociéndose, preguntándose y cuestionándose; en un diálogo de confidencias sobre sus perturbaciones, frustraciones y desengaños.
Los personajes son hombre y mujer, heterosexuales, y la relación, que surge y se mueve por la necesidad de contacto, está desprovista de toda carga sexual, saliéndose del tópico del sexo como compensador de soledades y angustias ante el encuentro con uno mismo. Durante tiempo, la película flirtea con esa posibilidad, pero poco a poco va resaltando que su mayor necesidad está en el registro de la amistad, no duradera, simplemente la amistad del encuentro sincero yo-tú.
Como contraste, hay guiños a algunas sexopatologías del amor como son, en general, las relaciones cosificadas y convertidas en objeto, del tipo de la prostitución, el sexo compulsivo, el sexo punitivo, la compañía mercantil y todas las patologías relacionadas con el narcisismo y los trastornos de personalidad limítrofes (baja autoestima, identidad inestable y consideración del otro como un objeto útil para satisfacer nuestras necesidades y propósitos).
En cambio, la relación que van entablando nuestros personajes son auténticas, humanas, personales. Se sienten mutuamente identificados en ciertos aspectos y esto va permitiéndoles tratarse a sí mismos humanamente y con respeto recíproco. El diálogo con el otro les sana en su propio diálogo interno y les ayuda a aclararse en esa crisis emergente.
Hay un segundo significado de “Perdidos en la traducción”. Es el de que sus dos protagonistas se encuentran en dos extremos de una misma red de líneas vitales. El entra en la cincuentena; ella en los veinte. El está de vuelta de muchas cosas, en la crisis de la mediana edad avanzada, la del cuestionamiento de lo que uno ha hecho o/y está haciendo con su vida; ella está empezando, tomando decisiones sobre el curso de su vida que determinarán el curso de su futuro, la incertidumbre de acertar, o equivocarse, o dejar pasar las mejores opciones para su vida, una crisis de incertidumbre. El tiene una familia con la que apenas tiene sintonía salvo en lo superficial y la costumbre, una mujer volcada en la decoración de la vida doméstica, una relación personal casi agotada; ella está empezando una relación de pareja consolidada, con un marido ausente, dedicado a su trabajo y a otras aficiones. El no sabe si ya es muy tarde para cambiar de vida y desprenderse de todo;ella no sabe si es demasiado pronto para cambiar y soltar lo que acaba de escoger. El ha sacrificado su vocación de actor para trabajar en lo que más dinero le da; ella ha sacrificado su vida profesional para acompañar a su marido.
Ambos, independientemente de la desubicación en una cultura extraña, traen dentro de sí el germen de una crisis personal, con mucho de crisis evolutiva (propia de su edad), que se manifiesta con la desorientación, la soledad y el vacío. Precisamente en Japón, donde conviven dos tópicos de su cultura: el vacío y la hacinación, la austeridad y la sobreestimulación, el no-hacer y la frenética actividad empresarial y de negocios. En el país del sol naciente, nuestros personajes padecen de insomnio, y es la noche la que los lleva a encontrarse.
Sus vidas necesitan traducirse del idioma de una edad y una época, a la del otro. Esa traducción se da durante el encuentro entre ambos. Cada uno se nutre de la perspectiva vital del otro y de la confrontación mutua. Uno reflexiona sobre la juventud y la otra sobre la madurez, uno sobre la libertad y otra sobre el compromiso, uno sobre la ilusión y otra sobre el hiperrealismo, etc
La relación transita por los tópicos de la edad, por la aventura, por la dimensión paterno-filial (sin tintes edípicos), y va llegando a la amistad en su sentido más profundo. El encuentra su anima personificada (polaridad intrínseca femenina), ella encuentra su animus personificado (polaridad intrínseca masculina). Y surge una historia de amor. En forma de amistad, de un tipo de relación abierta y auténtica, del momento, sabiendo de antemano que no durará. Ambos tienen sus vidas perfiladas; las cambien o no, seguirán después con ellas. Y el encuentro no les llevará a continuar una vida juntos. Lo saben.
Y aún así, llega el momento de la despedida. A ambos les cuesta reconocer el amor que han encontrado en el otro y se despiden sólo amablemente. Y tras el alejamiento, al estilo del mejor romanticismo en el cine, él vuelve a buscarla, y esta vez para declararse el amor mutuo, en un beso definitivo, y volver a separarse, casi con seguridad para no volver a verse nunca más. En realidad, un final antiromántico.
La película plantea la situación existencial de sentirse perdid@ y, como dice en su slogan publicitario: “cualquiera necesita ser encontrado”. O encontrarse en y con el otro, que es lo mismo.
Juan José Díaz


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